¿Desaparecerán las cocinas en casa? Lo que revela el auge de la comida lista para llevar

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“A mitad del siglo XXI no habrá cocinas”. La frase, pronunciada hace algunos meses por Juan Roig, fundador de Mercadona en España, provocó una avalancha de críticas, debates y reacciones en redes sociales. Para muchos, se trató de una visión exagerada o incluso de una estrategia interesada por parte del máximo responsable de una empresa que ha apostado fuertemente por la venta de comida preparada a través de su modelo “Listo para Comer”.

Sin embargo, más allá de la polémica, la afirmación plantea una pregunta mucho más interesante: ¿qué está viendo una de las mayores cadenas de supermercados de Europa para atreverse a hacer una predicción de ese calibre?

La discusión suele centrarse en si las personas dejarán o no de cocinar. Pero quizá el verdadero tema no sea la cocina, sino cómo están cambiando nuestros hábitos de vida.

El crecimiento silencioso de la comida preparada

En los últimos años, los supermercados han ampliado considerablemente su oferta de platos listos para consumir. Lo que antes se limitaba a productos congelados o soluciones rápidas para ocasiones puntuales, hoy incluye comidas completas, opciones saludables, recetas internacionales y propuestas que compiten directamente con muchos restaurantes.

La tendencia responde a una realidad cada vez más evidente: las personas disponen de menos tiempo para cocinar.

Las jornadas laborales extensas, los desplazamientos, las responsabilidades familiares y el ritmo acelerado de las ciudades han convertido el tiempo en uno de los recursos más escasos para millones de consumidores.

En ese contexto, la comida preparada no solo vende conveniencia. También ofrece algo que muchos consideran aún más valioso: tiempo libre.

El verdadero lujo ya no es el dinero

Durante décadas, el bienestar estuvo asociado principalmente al poder adquisitivo. Sin embargo, numerosos expertos en consumo coinciden en que las prioridades están cambiando.

Hoy, para muchas personas, el recurso más difícil de conseguir no es el dinero, sino las horas disponibles para disfrutar de la familia, descansar o desarrollar actividades personales.

Desde esa perspectiva, el éxito de los productos listos para consumir no puede explicarse únicamente por una cuestión gastronómica. También refleja una transformación social más profunda.

Cada plato preparado que llega a una mesa representa, en cierto modo, una tarea menos en una agenda ya saturada.

Por eso, el crecimiento de este mercado puede interpretarse como un síntoma de cambios más amplios relacionados con el trabajo, el estilo de vida y la gestión del tiempo.

Cocinar es mucho más que preparar alimentos

Aun así, asumir que las cocinas desaparecerán sería ignorar una dimensión fundamental de la alimentación.

Cocinar no es únicamente una actividad funcional destinada a satisfacer una necesidad básica. También es una expresión cultural, una tradición familiar y una forma de construir identidad.

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Las recetas transmitidas entre generaciones, las celebraciones alrededor de una mesa o los platos asociados a determinadas regiones forman parte del patrimonio cultural de las sociedades.

Además, para muchas personas cocinar representa una actividad de disfrute, creatividad y conexión emocional.

Por esa razón, aunque la comida preparada continúe ganando terreno, resulta difícil imaginar un escenario en el que la cocina doméstica desaparezca por completo.

Lo que realmente está cambiando

Quizá la predicción de Juan Roig no deba interpretarse de manera literal. Más que la desaparición física de las cocinas, lo que parece estar ocurriendo es una transformación de su función dentro del hogar.

Durante gran parte del siglo XX, la cocina fue un espacio asociado a una tarea cotidiana y obligatoria. Preparar cada comida desde cero formaba parte de la rutina diaria de millones de familias.

Hoy, en cambio, la relación con ese espacio está evolucionando. Las cocinas siguen ocupando un lugar central en las viviendas, pero cada vez se utilizan para actividades distintas. Son escenarios de reuniones familiares, encuentros sociales, experiencias gastronómicas ocasionales y momentos de ocio.

En muchos hogares, cocinar está dejando de ser una obligación diaria para convertirse en una elección.

La cocina del futuro será diferente

Todo apunta a que la alimentación seguirá transitando hacia modelos más flexibles, donde convivirán distintas formas de consumo.

Por un lado, crecerá la demanda de soluciones rápidas y convenientes para quienes disponen de poco tiempo. Por otro, continuará existiendo un interés por cocinar en casa, especialmente en contextos relacionados con el bienestar, la salud, la tradición y la socialización.

La cuestión ya no parece ser si las cocinas desaparecerán o no. La verdadera pregunta es qué papel ocuparán en una sociedad donde el tiempo se ha convertido en uno de los bienes más preciados.

Y la respuesta probablemente ya se está construyendo en millones de hogares: menos cocina por obligación y más cocina por elección. La transformación no pertenece al futuro. Ya está ocurriendo.


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