Tips para entrenar al equipo de bar y aumentar las ventas del restaurante

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El área de bebidas de un restaurante tiene uno de los mejores potenciales de incremento de ticket promedio de toda la operación. Un vaso de agua se convierte en una copa de vino; una cerveza se convierte en un cóctel artesanal; un trago se convierte en dos. Pero ese potencial solo se realiza cuando el equipo entiende que vender no es sinónimo de presionar, sino de guiar al cliente hacia una experiencia mejor.

Cuando un mesero dice “¿algo de tomar?” en lugar de sugerir una bebida específica, no lo hace por desidia. Lo hace porque nadie le enseñó a hacer la pregunta de otra manera. La diferencia entre “¿algo de tomar?” y “¿les traigo nuestra limonada de panela con jengibre mientras revisan el menú, o prefieren empezar con una copa de vino?” es enorme en términos de resultados, pero requiere entrenamiento y práctica para volverse natural.

El primer obstáculo es el miedo a parecer insistente. Muchos meseros evitan sugerir porque temen incomodar al cliente. La clave para superar ese miedo es entender que una sugerencia genuina, basada en conocimiento real del producto, no se percibe como presión: se percibe como servicio.

Técnica 1: la sugerencia específica en lugar de la pregunta abierta

Las preguntas abiertas ponen toda la carga en el cliente. Las sugerencias específicas facilitan la decisión y demuestran conocimiento del producto.

En lugar de “¿van a querer algo de tomar?”, el mesero puede decir: “Tenemos una michelada artesanal con cerveza de maíz que está muy buena esta semana, o si prefieren algo más suave, nuestra agua de panela con limón y hierba luisa es perfecta para este calor.” En lugar de “¿se les ofrece algo más?”, puede decir: “El Malbec que están tomando marida muy bien con el corte de res que tienen. ¿Les llevo otra copa para acompañar?”

La sugerencia funciona cuando es genuina. Por eso el entrenamiento siempre debe incluir degustaciones. Un mesero que nunca ha probado el cóctel que vende no puede describirlo con convicción, y el cliente lo nota.

Técnica 2: upselling sin incomodar

El upselling consiste en ofrecer una versión de mayor valor del producto que el cliente ya tiene en mente. En bebidas, las oportunidades más comunes son el upgrade de licor, el formato más grande y la versión de temporada o de autor.

Cuando un cliente pide un gin tonic, el mesero puede preguntar: “¿Prefiere con el gin de la casa o le recomiendo el Dictador Gin? Tiene un perfil más floral y cítrico que va muy bien con la tónica premium.” La diferencia de precio puede ser de $8.000 a $12.000, pero si el mesero lo dice con conocimiento y convicción, la mayoría de los clientes acepta la recomendación.

Lee también: Cómo calcular el costo real de cada trago y fijar precios rentables

En vino, cuando alguien pide una copa, el mesero puede sugerir la media botella: “La copa son $18.000, pero la media botella son $32.000 y alcanza para dos copas cada uno. Si van a tomar un poco más, sale mejor.” Es matemática simple presentada como un favor.

El upselling falla cuando es evidente que el único objetivo es cobrar más. Funciona cuando el cliente siente que la recomendación es genuina y que quien se la hace realmente conoce el producto.

Técnica 3: cross-selling entre bebidas y alimentos

El maridaje entre comida y bebidas es una de las herramientas de venta más poderosas y subutilizadas en los restaurantes colombianos. Cuando un mesero dice “ese ceviche de camarón va muy bien con nuestra cerveza de trigo o con el aperol spritz”, no solo está vendiendo una bebida: está elevando la experiencia del cliente y aumentando el ticket.

Para que el equipo pueda hacer cross-selling con naturalidad necesita saber qué bebidas combinan con qué platos, cómo describir esa combinación en una frase simple y sin tecnicismos, y cuándo sugerirla: al tomar el pedido, al servir el plato o cuando el cliente ya tiene la copa casi vacía.

Un ejercicio muy efectivo es pedirle al chef o al bartender principal que diseñe tres o cuatro maridajes estrella —los más fáciles de explicar y los que mejor funcionan con los platos más vendidos— y que entrene al equipo en cómo presentarlos. No hace falta un sommelier: hace falta que cualquier mesero pueda decir con seguridad “esto va bien con aquello y por qué”.

Cómo estructurar el entrenamiento

Un programa básico de cuatro semanas puede tener esta estructura. La primera semana se dedica al conocimiento del producto: degustación de todos los cócteles, vinos y cervezas del menú, y cada empleado escribe con sus propias palabras cómo describiría cada bebida.

La segunda semana se trabaja la técnica de sugerencia a través de juego de roles, donde un empleado hace de cliente y otro practica la apertura con propuesta específica. La tercera semana el chef o bartender principal presenta los maridajes estrella y el equipo practica cómo sugerirlos en una frase natural. La cuarta semana se revisan los resultados: ticket promedio de bebidas por mesero, ventas de bebidas premium, ratio de bebidas por mesa.

Este ciclo puede repetirse cada dos o tres meses, especialmente cuando cambia la carta o llegan productos nuevos.

El éxito del entrenamiento debe medirse con datos concretos. El indicador más directo es el ticket promedio de bebidas por mesa: si después del entrenamiento subió, algo está funcionando. También es útil medir el ratio de bebidas por comida (cuántas bebidas se venden por cada plato), que en un restaurante bien operado suele estar entre 0,8 y 1,2. Y comparar el desempeño individual por mesero permite identificar quién está aplicando las técnicas y quién necesita más acompañamiento.

El equipo de bar y sala es el canal de ventas más poderoso que tiene un restaurante. Cada interacción con el cliente es una oportunidad para mejorar la experiencia y aumentar el ticket. Un mesero que sabe sugerir, conoce el producto y entiende el maridaje no solo vende más: hace que el cliente se vaya más satisfecho y con más ganas de volver. Ese es el resultado real de entrenar bien al equipo: no solo más ventas, sino mejores experiencias y mayor fidelización.


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