El consumidor ya no come igual, y la industria de alimentos y bebidas de la región está reorganizando sus prioridades para seguirle el ritmo
El motor del negocio alimentario en Latinoamérica cambió. Ya no es el volumen lo que define el crecimiento del sector, sino la calidad de las decisiones de consumo, las cuales se están inclinando sus preferencias hacia productos más frescos, con origen identificable y con beneficios concretos para la salud. Esa transformación está redibujando el mapa competitivo de toda la industria.
Categorías como panadería, carnes, bebidas y alimentos no procesados han dejado de ser simples componentes de la canasta básica para convertirse en los segmentos que hoy jalan el crecimiento del sector. Según estimaciones de la FAO y Euromonitor International, la industria de alimentos y bebidas en la región mantiene crecimientos anuales cercanos al 3% y 4%, sostenidos en buena medida por la dinámica de estos segmentos.
El pan y los derivados del trigo siguen siendo estructurales en la dieta regional. En Colombia, el dato es elocuente: según Marcela Morales, Directora Ejecutiva de ADEPAN, “en Colombia se consumen alrededor de 22 kg de pan por persona, lo que significa que el 58% de los colombianos lo integra en su desayuno o en las comidas de las primeras horas del día”. Una base de consumo sólida que, sin embargo, está evolucionando hacia variedades con mayor valor agregado y atributos funcionales.
En el segmento cárnico, la relevancia es igualmente alta. De acuerdo con la OCDE y la FAO, el consumo per cápita en la región oscila entre los 60 y 70 kg al año, pero la discusión ya no gira solo alrededor de la cantidad, sino de la trazabilidad, la calidad del proceso productivo y la confianza que genera la marca detrás del producto.

Las bebidas, por su parte, atraviesan su propia transición. Euromonitor International registra que las opciones funcionales, bajas en azúcar o elaboradas con ingredientes naturales crecen por encima del 6% anual en Latinoamérica, consolidándose como uno de los segmentos de mayor dinamismo dentro de la industria. Y el crecimiento más disruptivo, señalan los analistas, está en los alimentos no procesados o mínimamente procesados, que responden directamente a una demanda creciente por transparencia y autenticidad.
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Lo que une a todos estos segmentos es un mismo consumidor. “Responden a un consumidor más informado, más exigente y con mayor disposición a pagar por productos que le generen confianza. Ya no se trata únicamente de abastecer el mercado, sino de ofrecer propuestas de valor diferenciadas”, explica Doris Chingaté, Jefe de Proyecto de Corferias.
Esa exigencia también está redistribuyendo el poder dentro del mercado. Las pequeñas y medianas empresas, junto con emprendimientos especializados, encuentran en los nichos de alto valor una vía de crecimiento que las grandes cadenas no siempre logran atender con la misma agilidad. La diferenciación, en ese sentido, se ha convertido en la ventaja competitiva más valiosa del momento.
“Hoy el crecimiento del sector no está en vender más de lo mismo, sino en entender mejor al consumidor. Las categorías que están liderando el mercado son aquellas que logran conectar con sus nuevas prioridades: salud, calidad y origen”, señala Alberto Almanza, Project Manager de Koelnmesse. “Eso está redefiniendo la forma en que las empresas producen, distribuyen e innovan”.
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