¿Cómo impactará el nuevo Gobierno al sector Horeca? Claves para entender el nuevo mapa de costos y oportunidades

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Entre la reforma laboral, el estancamiento del PIB gastronómico y una moderación en los precios de insumos, la industria de alojamiento y servicios de comida en Colombia enfrenta un 2026 marcado por decisiones de política pública que redefinen su rentabilidad. Un análisis de las variables que todo empresario del sector debe monitorear.

La pregunta que hoy circula entre gerentes de restaurantes, cadenas hoteleras y operadores de foodservice en Colombia ya no gira únicamente en torno a cuántos comensales llegan por noche. Gira, sobre todo, en torno a qué tan profundamente las decisiones de política económica y laboral del Gobierno nacional están redibujando la estructura de costos de la industria. Tras dejar atrás la fase de recuperación pospandémica, el sector transitó formalmente desde una etapa de desaceleración hacia una contracción económica que exige respuestas de fondo, no ajustes cosméticos.

Los números confirman la magnitud del fenómeno. Después de cerrar 2025 con un crecimiento apenas perceptible del 0,5% —equivalente a una producción de $40,6 billones de pesos y una participación del 4,0% en la economía nacional—, el primer trimestre de 2026 trajo una caída del PIB sectorial de -1,8%, hasta los $9,5 billones de pesos, reduciendo su peso relativo dentro del Producto Interno Bruto al 3,8%.

La gastronomía, que durante años funcionó como uno de los motores de tracción del empleo y el consumo urbano, regresa a niveles históricos de participación y pierde capacidad de reinversión frente a un margen de rentabilidad cada vez más estrecho.

La reforma laboral, el factor que más pesa en la cuenta de resultados

Si hay una variable de política pública que hoy concentra la atención de los empresarios gastronómicos, esa es la transformación normativa del mercado laboral. A diferencia de ciclos anteriores, en los que la principal presión de costos provenía de la inflación de insumos alimenticios, en 2026 el encarecimiento de la operación responde de manera directa a los costos asociados a la prestación del servicio. Se trata de una actividad intensiva en mano de obra: según estimaciones del gremio ACODRÉS, los costos laborales concentran entre el 25% y el 40% del total operativo de un restaurante.

Medidas como la reducción de la jornada laboral a 42 horas semanales, el incremento en los recargos por trabajo en días de descanso obligatorio y la ampliación de la franja nocturna han elevado de manera sustancial la nómina de los establecimientos. A esto se suman los ajustes en arriendos y en tarifas de servicios públicos, un combo que golpea con mayor severidad a las micro, pequeñas y medianas empresas del sector, muchas de las cuales han optado por recortar horarios de atención o congelar nuevas contrataciones para sostener su operación.

Este fenómeno configura lo que analistas del sector describen como un “efecto pinza”: por un lado, la menor liquidez de los hogares reduce la frecuencia de consumo fuera del hogar; por el otro, las rigideces operativas —muchas de origen normativo— presionan al alza los costos fijos. El resultado es un empresario gastronómico obligado a reestructurar de fondo su modelo de negocio para mantenerse competitivo, en lugar de limitarse a ajustar precios o menús.

Insumos más baratos, pero insuficientes para compensar la nómina

No todas las señales apuntan en la misma dirección. El abastecimiento de materias primas muestra un alivio relativo que contrasta con la tensión laboral. El Índice de Precios del Productor (IPP) a junio de 2026 evidencia una moderación importante, resultado de la normalización de las cadenas de suministro y la recuperación de la oferta agropecuaria nacional. Insumos clave como carnes, pescados y mariscos registraron un ajuste anual de apenas 1,3%, mientras que la categoría de bebidas creció 4,1%.

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Las caídas más pronunciadas se observan en el café (-12,6%) y en el azúcar y la panela (-20,4%), categorías que corrigen los máximos históricos alcanzados durante 2025. Sin embargo, esta estabilidad en las compras de cocina resulta insuficiente para compensar los incrementos fijos de la operación diaria, en particular los derivados de la nómina y los servicios públicos. La ecuación deja a los empresarios con menos insumos costosos, pero con una estructura de gastos fijos considerablemente más pesada.

Un consumidor que sale menos, pero gasta más cuando decide salir

El comportamiento del comensal colombiano también revela el impacto acumulado de este entorno macroeconómico. Según la Radiografía del Foodservice en Colombia 2026, el país cuenta con 240.011 establecimientos activos, concentrados en buena medida en los principales centros urbanos: Bogotá (17,1%), Antioquia (13,6%) y Valle del Cauca (9,4%), que junto con Cundinamarca y Atlántico agrupan el 54,6% de la oferta nacional.

A pesar de la disminución en la frecuencia de visitas por la pérdida de poder adquisitivo, el ticket promedio nacional alcanzó los $44.910 pesos, un crecimiento anual del 14,2% que supera ampliamente la inflación general. Este dato confirma un proceso de premiumización del gasto gastronómico: el consumidor colombiano visita restaurantes con menor regularidad, aunque está dispuesto a pagar más cuando decide hacerlo, siempre que la propuesta de valor lo justifique. Esta dinámica ha acelerado la expansión de establecimientos con tickets superiores a $80.000 pesos, mientras castiga a los conceptos que no logran diferenciarse.

La exigencia del comensal también se refleja en la percepción del servicio. Aunque el promedio nacional se mantiene en niveles altos (8,32 sobre 10), los restaurantes independientes logran mejores índices de satisfacción que las grandes cadenas organizadas, pese a que estas últimas manejan tickets más elevados y representan el 45% del segmento Fast Food y QSR. Las preferencias de consumo migran hacia conceptos especializados —café de especialidad, panadería artesanal, sushi, ceviches, tártares— en detrimento de productos estandarizados o de bebidas alcohólicas convencionales.

Lo que viene: política pública, competitividad y el reto de la ingeniería de menú

De cara al cierre de 2026 y a los próximos años, la competitividad del sector Horeca dependerá en gran medida de la capacidad de los negocios para leer con precisión el entorno normativo y adaptar sus propuestas a las nuevas exigencias del consumidor. La expansión será cada vez más selectiva, priorizando ciudades con alto dinamismo turístico como Cartagena y Barranquilla, mientras el reto para los operadores urbanos consolidados dejará de ser abrir más puntos de venta.

El desafío central estará en optimizar la ingeniería de las cartas, adoptar herramientas de automatización que compensen la presión de costos laborales y fortalecer una propuesta de valor auténtica que justifique los precios ante un consumidor cada vez más analítico. En ese contexto, entender la visión económica del nuevo Gobierno —sus prioridades en materia tributaria, laboral y de formalización empresarial— se convierte en una herramienta de gestión tan relevante como cualquier indicador de rentabilidad interna.

Jhoana Gómez, directora económica de Sectorial, será conferencista en Entre Panes 2026.
Jhoana Gómez, directora económica de Sectorial, será conferencista en Entre Panes 2026.

Jhoana Gómez, directora económica de Sectorial, estará en Entre Panes 2026

Para profundizar en estas variables y en cómo la visión económica del nuevo Gobierno está impactando directamente el desempeño de hoteles y restaurantes, Entre Panes B2B confirma a Jhoana Gómez como una de sus conferencistas invitadas. Economista de la Universidad de Antioquia y Magíster en Gerencia de Proyectos de la Universidad EAFIT, Gómez suma más de 10 años de experiencia en análisis económico y liderazgo de equipos, y actualmente se desempeña como Directora Económica de Sectorial.

Durante su intervención, Gómez abordará el impacto de la visión del nuevo Gobierno en las políticas y variables macroeconómicas con mayor relevancia para el desempeño de hoteles y restaurantes, una charla clave para empresarios que buscan tomar decisiones informadas en un entorno de reforma laboral, costos crecientes y un consumidor cada vez más exigente.

La cita es el 16 y 17 de septiembre en Plaza Mayor, Medellín, el epicentro del foodservice B2B en Colombia.

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