Las pizzerías caen al sexto lugar de popularidad mientras la bancarrota golpea a las grandes cadenas del sector.
El mapa gastronómico de los Estados Unidos atraviesa una transformación estructural que ha dejado al descubierto la vulnerabilidad de sus iconos más tradicionales. Durante décadas, la pizza representó el estándar de conveniencia y el segundo formato de restaurante más extendido en el país. No obstante, las cifras de 2026 confirman un cambio drástico: este pilar del consumo masivo ha sido desplazado por propuestas que conectan mejor con las exigencias actuales del mercado.
De acuerdo con un reporte detallado de The Wall Street Journal, el estancamiento de las pizzerías es una realidad estadística innegable. Los famosos techos rojos y las flotas de reparto que marcaron la expansión urbana ahora crecen a un ritmo inferior al promedio del sector. El panorama se torna crítico al observar que este formato cayó del segundo lugar en los años 90 a un lejano sexto puesto en la escala de preferencias de 2024.
La crisis se manifiesta con fuerza en el terreno financiero. En diciembre pasado, la cadena Pieology se declaró en bancarrota, sumándose a una lista de bajas que incluye a nombres como Anthony’s Coal Fired Pizza & Wings y Bertucci’s. Estos cierres evidencian el agotamiento de un modelo de negocio que parece haber alcanzado su punto de saturación en un entorno donde la fidelidad del cliente es cada vez más volátil.
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Analíticamente, el sector se encuentra atrapado en una pinza de precios. El costo promedio de una pizza familiar, situado frecuentemente en los 20 dólares, compite en desventaja frente a las opciones de pizzas congeladas de alta calidad o la preparación casera. A esto se suma el surgimiento de competidores que ofrecen menús más diversos, saludables y, frecuentemente, con una estructura de costos más atractiva para el bolsillo del consumidor promedio.
El ascenso de los nuevos protagonistas del mercado
Este vacío ha sido aprovechado por dos grandes categorías: las cafeterías y los restaurantes de comida mexicana. Ambos segmentos ya superan en número a las pizzerías, reflejando una transición cultural hacia experiencias de consumo más dinámicas. Mientras la pizza lucha contra una imagen estancada, las propuestas mexicanas ganan terreno gracias a su capacidad de personalización y a una percepción de mayor frescura en los ingredientes.
A pesar de la pesadez de estas cifras, el sector aún mueve volúmenes de capital inmensos, con ventas que alcanzaron los 31.000 millones de dólares en 2024. Sin embargo, la pérdida de relevancia económica y cultural es evidente. La pizza cede espacio en las calles a los establecimientos de postres, los desayunos especializados y los sabores latinos que hoy definen la conversación gastronómica en las principales urbes estadounidenses.
Las grandes cadenas intentan mitigar este impacto mediante la reingeniería de sus marcas. Algunas optan por integrar tecnología de punta en su logística para reducir costos, mientras otras buscan sofisticar su oferta para justificar los precios actuales. Aun así, el desafío para los independientes es mayúsculo, pues deben diferenciarse en un mercado que ya no premia únicamente la rapidez, sino la identidad y la propuesta de valor integral.
Desde el ángulo del inversor, el sector del café ofrece hoy retornos mucho más predecibles debido a la alta frecuencia de consumo diario. Esta migración sugiere que el modelo de “comida para llevar sin estrés” está siendo reemplazado por formatos de conveniencia con mayor personalidad. La pizza dejó de ser el recurso automático del consumidor para convertirse en una opción que ahora debe luchar por cada centavo de atención.
El declive de este gigante marca el final de una era donde bastaba con la presencia física para garantizar el éxito. La “comoditización” del producto terminó por desgastar sus márgenes de ganancia. Hoy, el mercado estadounidense premia la especialización y la agilidad, dos atributos que las cafeterías y los conceptos de comida étnica han sabido capitalizar con mayor efectividad durante los últimos años.
Esta situación en EE. UU. actúa como una señal de alerta para los empresarios de la región. La evolución de los hábitos del cliente y la presión inflacionaria pueden erosionar hasta al clásico más sólido si este no se adapta.
Mientras la pizza busca una nueva narrativa para recuperar su atractivo, la industria mexicana y el segmento del café continúan su expansión, demostrando que el liderazgo en la mesa pertenece a quien mejor interpreta el cambio.
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