La compañía refuerza su estrategia de retail experiencial con una nueva propuesta gastronómica que integra cocina local y aumenta la recurrencia.
La multinacional sueca IKEA acelera la evolución de su modelo de negocio en Colombia con un refuerzo estratégico de su unidad gastronómica, un componente que, aunque no constituye el core del negocio, se consolida como un motor clave de tráfico, permanencia y fidelización en tienda.
La compañía anunció el lanzamiento de un nuevo plato de temporada, desarrollado en colaboración con el chef Leo Cocinero, disponible hasta el 8 de agosto de 2026 en sus tiendas del país.
Más allá de la novedad culinaria, el movimiento responde a una lógica estructural: fortalecer la experiencia de compra como palanca de monetización en un formato retail donde el tiempo de permanencia —que en IKEA puede extenderse hasta tres horas— se convierte en una variable crítica.
Según explicó Martín Cumplido, gerente regional de IKEA Food para Chile y Colombia, la operación gastronómica cumple un rol funcional dentro del recorrido del cliente: permitir pausas estratégicas que faciliten la continuidad de la experiencia de compra.
La tesis no es nueva, pero sí cada vez más sofisticada. En el retail contemporáneo, la integración de alimentos ha dejado de ser un servicio accesorio para convertirse en una herramienta de diferenciación frente a formatos tradicionales y marketplaces digitales.
En el caso de IKEA, esta unidad se articula a través de múltiples formatos: restaurante sueco, bistró de comida rápida, mercado de productos empacados y, en algunas tiendas, cafetería especializada.
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Cada uno cumple una función específica dentro del embudo de consumo, desde la alimentación completa hasta la compra por impulso y la extensión de la experiencia en el hogar mediante productos empaquetados.

El modelo permite, además, capturar distintos momentos de consumo y ampliar el ticket promedio, en particular a través de un segmento que la compañía identifica como el “cliente dual”: aquel que consume tanto muebles como alimentos.
De acuerdo con estimaciones internas, este perfil presenta mayores niveles de gasto, frecuencia de visita y satisfacción, convirtiéndose en un activo estratégico para el crecimiento del negocio.
La apuesta por menús de temporada introduce un elemento adicional de dinamismo. A diferencia del menú base —centrado en gastronomía sueca estandarizada—, estas ediciones limitadas funcionan como mecanismos de renovación de la oferta y estímulo de recurrencia.
El plato desarrollado junto a Leo Cocinero responde a esa lógica. Se trata de una preparación de inspiración local —pollo con salsa bechamel, arroz verde con parmesano, champiñones y crocante de tocino— diseñada bajo criterios de accesibilidad, estandarización y eficiencia operativa.
La colaboración marca, además, un giro en la estrategia de desarrollo de producto, al incorporar figuras reconocidas de la gastronomía local como vehículos de conexión cultural con el consumidor.
Este enfoque híbrido —entre lo global y lo local— busca resolver una tensión habitual en cadenas internacionales: mantener la coherencia de marca sin sacrificar relevancia en mercados específicos.
El proceso de co-creación implicó adaptar la receta a los sistemas productivos de IKEA, garantizando consistencia en tiempos de servicio y calidad, independientemente del volumen de demanda.
Este punto es crítico en operaciones de alto tráfico, donde la promesa de valor depende tanto del sabor como de la eficiencia en la ejecución.
En términos históricos, la integración de alimentos en IKEA responde a una decisión fundacional. Su creador identificó que la ubicación periférica de las tiendas limitaba el tiempo de permanencia de los clientes, lo que derivó en la incorporación progresiva de espacios de comida.
Hoy, ese modelo se replica en cerca de 500 tiendas a nivel global y se ha convertido en un estándar operativo dentro de la marca.
En Colombia, IKEA opera tres tiendas físicas en alianza con Falabella y mantiene cobertura digital a través de su canal e-commerce, en un mercado donde el retail físico busca reinventarse frente a la presión de los canales digitales.
En este contexto, la gastronomía se plantea como una ventaja competitiva difícil de replicar en entornos online, al ofrecer una experiencia sensorial que extiende la relación con el consumidor.
La estrategia también dialoga con tendencias más amplias del sector, donde el foodservice se integra al retail como una categoría capaz de generar tráfico incremental y construir vínculos emocionales con la marca.
A mediano plazo, la compañía anticipa la continuidad de este tipo de colaboraciones, aunque su implementación dependerá de variables operativas y del calendario comercial.
El énfasis, según la dirección regional, estará en consolidar el modelo actual antes de acelerar nuevas aperturas, en una fase que prioriza la maduración del negocio sobre la expansión acelerada.
De esta manera, IKEA refuerza una premisa clave del retail contemporáneo: la venta de productos ya no es suficiente; la experiencia —y dentro de ella, la comida— se posiciona como el verdadero diferenciador competitivo.
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