Dinamarca propone reconocer oficialmente la gastronomía como forma de arte

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La iniciativa del ministro de Cultura Jakob Engel-Schmidt situaría a la cocina contemporánea al mismo nivel que disciplinas artísticas tradicionales, con acceso a financiación pública y apoyo institucional para investigación y experimentación creativa

Dinamarca podría convertirse en el primer país del mundo en reconocer formalmente la gastronomía como una disciplina artística dentro de su marco cultural oficial. La propuesta, presentada por el ministro de Cultura Jakob Engel-Schmidt durante el simposio internacional Convergence, abre un debate sobre el papel de la cocina contemporánea más allá del oficio y la artesanía, situándola como expresión artística y herramienta cultural de proyección internacional.

Si la medida prospera, la cocina dejaría de entenderse únicamente como actividad profesional vinculada a la restauración o la industria alimentaria, para integrarse oficialmente en el ámbito de las artes junto a disciplinas tradicionales como la música, la pintura, el teatro o la danza.

Este cambio de estatus implicaría acceso a nuevos mecanismos de apoyo institucional, líneas específicas de financiación pública para proyectos gastronómicos experimentales, espacios dedicados a la investigación culinaria y una mayor visibilidad en foros culturales internacionales.

Los chefs y creadores gastronómicos podrían acceder a las mismas becas, residencias artísticas y programas de intercambio cultural que actualmente se destinan a otras disciplinas creativas, consolidando un ecosistema que reconoce la cocina como lenguaje artístico propio.

La iniciativa no surge de manera aislada. Dinamarca lleva años consolidándose como uno de los epicentros de la innovación culinaria global, especialmente desde el lanzamiento del movimiento de la Nueva Cocina Nórdica a principios de los años 2000.

Este movimiento, liderado por figuras como René Redzepi del restaurante Noma, transformó radicalmente la manera de entender el producto local, la sostenibilidad y la identidad gastronómica, estableciendo un nuevo paradigma que influyó en cocinas de todo el mundo.

Además, Copenhague ha acogido en varias ocasiones la Ceremonia Michelin Nórdica, reforzando su posición como destino gastronómico de referencia internacional. La ciudad cuenta con una concentración notable de restaurantes estrellados y proyectos culinarios experimentales que han posicionado a Dinamarca en el mapa gastronómico mundial.

Cocina como lenguaje cultural

Para muchos profesionales y analistas culturales, reconocer la gastronomía como arte supone asumir que la cocina es también un lenguaje creativo capaz de transmitir identidad, pensamiento y emoción de manera tan legítima como cualquier otra expresión artística.

La experiencia gastronómica contemporánea no se limita al sabor, sino que integra técnica, estética visual, desarrollo conceptual, narrativa y contexto cultural. Los grandes restaurantes de vanguardia funcionan hoy como espacios multisensoriales donde el comensal no solo degusta, sino que experimenta una propuesta artística integral.

En este sentido, la propuesta danesa busca consolidar una visión de la cocina como laboratorio cultural, donde tradición e innovación dialogan constantemente. Un espacio donde la investigación sobre técnicas ancestrales convive con la exploración de nuevas tecnologías, ingredientes olvidados se reinterpretan con mirada contemporánea, y la sostenibilidad se convierte en motor de creatividad.

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De aprobarse, Dinamarca se convertiría en uno de los primeros países en dar este paso de manera formal dentro de su estructura cultural nacional, estableciendo un precedente que podría influir en otras naciones europeas.

El planteamiento del ministro Engel-Schmidt abre un debate más amplio en Europa sobre el estatus cultural de la gastronomía y su papel en el ecosistema creativo contemporáneo.

Mientras algunos sectores consideran que la cocina ya opera de facto como disciplina artística —con chefs que firman sus creaciones, exposiciones gastronómicas en museos, y performances culinarias en espacios culturales—, otros defienden la necesidad de establecer marcos claros que distingan entre actividad comercial y creación cultural.

Las preguntas que surgen son múltiples: ¿Cómo se evalúa el mérito artístico en gastronomía? ¿Qué diferencia una propuesta culinaria comercial de una creación artística? ¿Debe la financiación pública destinarse a restaurantes con fines de lucro o solo a proyectos experimentales sin ánimo comercial?

Precedentes y proyecciones

Aunque Dinamarca sería pionera en el reconocimiento formal, otros países han dado pasos en esta dirección. Francia incluyó en 2010 la “comida gastronómica de los franceses” en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO, reconociendo su dimensión cultural aunque no específicamente como arte.

Perú ha desarrollado políticas públicas que posicionan su gastronomía como herramienta de identidad nacional y desarrollo económico, mientras que España ha integrado la innovación culinaria en programas de investigación y desarrollo tecnológico.

Lo que parece evidente es que la gastronomía contemporánea ha trascendido el ámbito estrictamente culinario para convertirse en una herramienta de proyección internacional, construcción de identidad territorial, desarrollo turístico y experimentación creativa que cruza fronteras disciplinares.

Implicaciones para la industria gastronómica

Si la propuesta se materializa, las implicaciones para la industria podrían ser significativas:

  • Formación: Las escuelas culinarias podrían integrarse más estrechamente con academias de bellas artes, promoviendo intercambios interdisciplinares.
  • Investigación: Mayor inversión en I+D gastronómico desde perspectivas culturales, no solo tecnológicas o nutricionales.
  • Exportación cultural: La gastronomía como embajadora oficial de la cultura danesa en eventos internacionales.
  • Turismo cultural: Consolidación de la oferta gastronómica como atractivo cultural equiparable a museos o teatros.
  • Protección patrimonial: Posibles mecanismos de salvaguarda para técnicas, recetas y tradiciones culinarias consideradas de valor artístico.

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