Inflación en el menú ejecutivo: el ‘corrientazo’ subió un 10,7%

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El menú más popular de los trabajadores colombianos superó la barrera de los $17.500 debido al encarecimiento del plátano, el fríjol y la carne de res.

El almuerzo “corrientazo”, ese termómetro infalible de la economía cotidiana en Colombia, ha dado un salto significativo que aprieta el bolsillo de millones de trabajadores. Al cierre de enero de 2026, el precio promedio nacional de este plato alcanzó los $17.542, lo que representa un incremento del 10,7% en comparación con el año anterior. Comer fuera de casa se ha convertido en un desafío logístico para el presupuesto mensual, ya que el costo de esta preparación aumentó exactamente $1.871 frente a los $15.671 que se pagaban en 2025.

Este fenómeno responde directamente al comportamiento de ingredientes críticos que componen la canasta básica del sector gastronómico. Según el análisis de precios mayoristas del Sipsa, el plátano es el producto que más castiga el costo final, con una variación interanual del 35,1%. A este incremento se suma el del fríjol bolón, un componente esencial del “principio” en el menú, que registró un alza del 26,7%. La proteína también ha hecho lo suyo; la carne de res, específicamente el corte de chatas, subió un 13,9%, elevando el valor de una porción individual por encima de los diez mil pesos.

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La dinámica inflacionaria ha generado un escenario de contrastes en la cocina de los restaurantes populares. Mientras que algunos insumos básicos como el tomate, el huevo y el arroz reportaron caídas en sus precios de hasta el 18,1%, estas reducciones no han sido suficientes para compensar el encarecimiento de los demás componentes. El costo de vida, impulsado por el reciente ajuste del salario mínimo, ha empezado a filtrarse con rapidez hacia los servicios de alimentación, impactando de forma directa la rentabilidad de los pequeños negocios y el poder adquisitivo del consumidor final.

Presiones laborales y proyecciones de mercado

Expertos como el exministro de Hacienda José Manuel Restrepo señalan que este incremento ha superado ligeramente las expectativas previstas para el inicio del año. Hay que tener en cuenta que la estructura de costos de los corrientazos depende en gran medida de los gastos operativos y laborales, los cuales se ven presionados no solo por el mínimo, sino por la implementación de reformas que ajustan recargos nocturnos y dominicales. Esta situación ha obligado a los propietarios de restaurantes a trasladar parte de los costos al precio final del plato para mantener la viabilidad de sus establecimientos.

Por su parte, el Banco de la República mantiene una vigilancia estrecha sobre la volatilidad de los alimentos, señalando que factores climáticos y la tasa de cambio seguirán imprimiendo incertidumbre al sector. Aunque se espera una desaceleración en el IPC de alimentos procesados para el resto del año, productos frescos como las frutas, hortalizas y tubérculos podrían mantener la tendencia alcista durante el primer trimestre. La capacidad de resiliencia del sector gastronómico se pone a prueba una vez más ante un panorama donde el almuerzo diario se encamina a ser un lujo de conveniencia.

La realidad en las centrales mayoristas refleja que la carne de res ha sido el grupo de alimentos que más puntos básicos aportó a la inflación general de enero, que cerró en 5,35%. Esta presión se siente con fuerza en las mesas de los restaurantes de barrio, donde el “jugo de mora” y la ensalada de lechuga también sufren ajustes menores pero acumulativos. Para el colombiano de a pie, el almuerzo de $17.000 marca una nueva barrera psicológica en la economía del día a día, forzando a muchos a replantear sus hábitos de consumo.

Ante este panorama, instituciones como Corficolombiana prevén que el ritmo de los precios estará marcado por una selectividad alta en la producción agropecuaria. Si bien la apreciación del peso ayuda a estabilizar algunos insumos importados, la producción local de plátano y papa sigue siendo susceptible a choques de oferta que disparan los precios en cuestión de semanas. El corrientazo, lejos de ser solo un plato de comida, se reafirma como el indicador más fiel de la realidad financiera que atraviesa el país a inicios de este 2026.

El futuro inmediato para el sector de los almuerzos ejecutivos dependerá de la capacidad de la industria alimentaria para optimizar sus costos de distribución. Mientras el IPC de servicios parece no ceder con la misma rapidez que el de bienes, los comensales buscan alternativas para balancear nutrición y economía en un entorno de alta volatilidad.


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